Uno de ellos, Clay, es detenido por posesión de
drogas, y cuando Becky acude a pedir clemencia al fiscal, éste no es otro que
Rourke Kilpatrick, tan conocido por su atractivo físico como su mal carácter.
Entre ambos surge una apasionada relación, pero Becky pronto sospecha que
Rourke la ha seducido sólo para seguir de cerca de Clay, pieza fundamental en
el juicio contra una banda de narcotraficantes.

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